sábado, 19 de septiembre de 2015

Inflación y deflación

De forma directa, la inflación beneficia a deudores (Estados, gente con hipoteca,…) y perjudica a ahorradores e ignorantes. Cuando los medios hablan del fantasma de la deflación como algo negativo parece que fuese un dogma y que ni siquiera deberíamos cuestionarlo. Para mí, cuanto más baja  mejor, y si es negativa, aún más. 

Cuanto menos no es simple el tema. Hasta al propio García Paramés, que no creo que sea demasiado tonto, fue preguntado sobre su preferencia de entornos inflacionarios o deflacionarios para la inversión. Él contestó, muy simplemente (podéis buscarlo en Youtube), que él busca empresas buenas a precios bajos independientemente de la inflación y por eso a priori le da igual, pero que evidentemente con inflaciones nulas o negativas, con un 5% o 10% de rentabilidad “ya vas bien”. También decía que la mejor forma de protegerse contra la inflación es la bolsa, que representa empresas con negocios y activos reales. Pero atención, hemos dicho “protegerse”.  Uno se proteje contra aquello que es perjudicial, no contra algo deseable.


Teóricamente, si todo es más caro, las empresas venden sus productos y servicios también a precios superiores, lo que conlleva a mayores beneficios en unidades monetarias (no en valor, evidentemente), pero el problema es que para no perder hay que estar invertidos 100%, y eso no es ni positivo (aquí un enlace a un debate sobre la gestión dela liquidez, donde se dice que aunque el coste de oportunidad es alto, es recomendable cierta liquidez para imprevistos y para aprovechar recortes injustificados del mercado), ni realista.

Por otra parte, la economía, naturalmente, reduce costes día tras día, y es por esto que el proceso económico natural es deflacionario. La informática es un ejemplo magnífico, cada año ordenadores con mejor rendimiento y más baratos, nadie podrá ponerlo en duda. Pero esto ocurre en todos los sectores: el sector agrario y ganadero aumenta constantemente su producción mediante agentes químicos, máquinas que permiten trabajar más y más rápido, transgénicos que crecen más rápido y con menos recursos, cultivos que resisten sequías, riego ajustado a la cantidad exacta de agua y nutrientes necesaria,… el  sector industrial también reduce costes constantemente: la implantación sistemática de la gestión de proyectos, la producción en cadena, la informática, máquinas y procesos de producción, materiales mejores y más baratos, lean manufacturing, … Y finalmente el sector servicios con, entre otros, la revolución de internet, que reduce costes inmobiliarios, de personal, de stock,… Todo está enfocado a reducir costes continuamente, y eso es deflación.  Igualmente el mundo trabaja y aumenta la producción de bienes y servicios, o sea, la riqueza aumenta y por tanto el poder adquisitivo. Si la masa monetaria es constante, la única forma de que cuadre la ecuación es la deflación, es decir, con el mismo dinero adquirimos más bienes.

Para anular el proceso deflacionario puede existir impresión de masa monetaria, pero debe ir acompañada del aumento de la riqueza para que la oferta de moneda sea cubierta por la demanda. Si se sobrepasa la oferta, cada unidad monetaria pierde valor y la inflación aumenta, y esto es la razón por la que soy de la opinión de que la inflación es una manipulación del mercado en perjuicio de unos y a favor de otros.

Quien piense que una cierta inflación es positiva para la economía, podrá decir que dicha mejora también afectará indirectamente a los ahorradores, si éstos invierten su dinero. Eso es discutible. Sin embargo no es discutible que de manera directa, su dinero líquido vale menos y por tanto les perjudica. En mi opinión los bancos centrales, cuando no saben cómo tirar de la economía y ya los tipos están a cero, lo que hacen (el BCE entre otros) es aplicar la política de “si no haces nada con tu dinero, te lo quito, así que más vale que lo muevas” . Y es que la única forma de hacer frente a tal quita es mover el dinero y en cada movimiento subir los precios para ajustarte a la inflación. Sin embargo, no creo que sea necesario quitar el dinero para incitar a que éste sea invertido. Aunque la inflación fuese cero o negativa, toda persona o empresa racional intentaría sacarle siempre la máxima rentabilidad y para ello lo invertiría, independientemente de la inflación, con lo que en mi humilde opinión, la inflación es simplemente una estrategia para quitarle dinero a los ahorradores (y a los ignorantes que no lo invierten) y dárselo a los deudores. Como entre los deudores se encuentran los estados dirigidos por gobiernos de dudosa capacidad pero ligados a los bancos centrales, imprimir moneda es para ellos una solución fácil.

¿Cuál es la conclusión de todo esto? Pues que como no podemos controlar la gestión de nuestros políticos, ni la deuda que contraen, ni la impresión de moneda por parte del BCE, debemos protegernos de la mejor forma posible, esto es, invirtiendo en activos reales y no monetarios (deuda soberana, corporativa, depósitos,…) o que provengan de una convención. En definitiva, activos productivos, ya sean empresas, bienes inmobiliarios, etc.

En mi opinión, ni siquiera el oro es un buen refugio pues, si bien es limitado y en períodos de incertidumbre aumenta su cotización, su valor no deja de ser una convención ampliamente aceptada. De hecho, con un lingote de oro no se puede hacer casi nada, sólo venderlo. Por otra parte, la cotización histórica del oro muestra una revalorización histórica del orden del 1%, mucho menor a la bolsa, y además no da dividendos.

Habrá quien siga pensando que la inflación no es tan grave. Dejo aquí una simple gráfica que he preparado donde podemos ver cuánto disminuye nuestro poder adquisitivo tras varios años de inflación al 2%, 3%, 5% y 10%.

Pero veamos ahora la inflación del último siglo en España y Europa. Los datos son suficientemente altos como para preocuparse.

Inflación acumulada histórica

Inflación acumulada Europa
Inflación anual Europa

De hecho entre 1974 y 1998 la inflación media en España fue del 10%, lo que significa una pérdida patrimonial enorme de la liquidez como vimos en la primera gráfica. En los últimos 10 años sí que ha sido algo inferior al 3%. Es preocupante, pero asequible, aunque  nunca se está a salvo de períodos hiperinflacionarios, ejemplos hay muchos. La Alemania de Weimar a principios de los años 20, con inflaciones de millones por ciento, Hungría con 41.9 trillones (sí, trillones) por ciento en 1946, en Serbia entre 1993 y 1994 con un magnífico 5 000 000 000 000 000%, o entre 1972 y 1987, 602% en Bolivia, 3710% en México, 2789 en Perú. Los últimos casos los tenemos en Zimbabwe con 89.700 trillones por ciento en 2008 ( los precios se duplicaban cada día) y la propia Venezuela durante la última década con valores de entre 50% y 150% anuales de forma continuada.

En definitiva, parece que ahora estamos relativamente tranquilos, pero todo puede llegar en toda una vida que nos queda por delante. De hecho, el ciclo económico típico y recurrente suele ser de expansión económica è burbuja è contracción y crisis (deflación y bajada de tipos e inyección de dinero como respuesta) è burbuja y deuda (tipos bajos y deuda creciente). Ahora bien, esta burbuja puede ser suficientemente grande como para que la inflación crezca demasiado y si la demanda de deuda disminuye ante el miedo los tipos aumentan y los bancos centrales compran deuda mientras los inversores privados se van creándose una crisis de deuda pública. Hasta aquí todo pareció cumplirse allá por 2012 en Europa y España. Sin embargo, por surte para los ahorradores en euros, no ha habido una inyección (al menos hasta el año pasado) de moneda que conlleve a la devaluación de ésta y el aumento de la inflación consecuente. Pero cuidado, porque el BCE está inyectando moneda y su objetivo es incrementar la inflación… Y cuidado también porque la deuda de todos los países de Europa es la mayor de la historia y tenemos por delante un problema como indicaba en la entrada Quién pagará la verdadera crisis de deuda. Deuda grande y en aumento, crecimientos pequeños y políticos insensatos es la excusa perfecta para imprimir moneda e incrementar la inflación. Quién sabe si para salir de la espiral no acabamos dentro de 10 o 20 años con una hiperinflación en Europa.

Como conclusión, la idea de esta entrada es que la inflación es un proceso no natural como resultado de la impresión de moneda a un ritmo superior a la creación de riqueza que beneficia a deudores y perjudica a ahorradores. Como segunda idea, nadie está a salvo, ni siquiera de una posible hiperinflación. Y ante este escenario, la mejor forma de protegerse es estar invertidos en activos reales, y la bolsa es uno de los más rentables.

Estaré encantado de que alguien en los siempre sabios comentarios me rebata mi idea y me haga cambiar de opinión.

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